43. De muerte y vida

 
catrina“Es sólo cuando realmente sabemos y entendemos que tenemos un tiempo limitado en la tierra – y que no tenemos manera de saber cuando nuestro tiempo se ha acabado- que entonces comenzamos a vivir cada día al máximo, como si fuera el único que teníamos.” – Elizabeth Kübler-Ross

Hace tan sólo unos días leía en La Voz de Galicia la noticia del inicio del primer Death Café que se organiza en España. Un punto de encuentro donde poder abordar un asunto que cuenta, en nuestra cultura, con connotaciones casi tabúes como es la muerte. Esta iniciativa, que surgió en Inglaterra en 2011 de la mano de Jon Underwood, pretende acercar el tema a modo de tertulia, más allá de cualquier idea religiosa, con el simple fin de generar un espacio de reflexión. El éxito ha sido tal que en tan sólo tres años son cerca de 900 puntos de 20 países donde se celebran estos debates mensuales.

Hablar de la muerte es hablar de la vida.

Pareciera que evitar hablar de la muerte nos permite huir de esa realidad, de la finitud de la vida. En nuestra cultura, muerte y duelo despiertan un temor irracional en la mayoría de las personas, quienes no son capaces de aceptar este hecho que es natural en nuestras vidas, desde el mismo momento en que nacemos. Esto genera un vacío poco saludable, tanto a nivel social como individual. Gran parte de esta desnaturalización se debe al proceso de la muerte en hospitales y el velatorio en salas especializadas, apartando del hogar ese momento.

Tomar conciencia de nuestra finitud nos permite alcanzar la madurez psicoemocional, para poder abordar nuestro desarrollo integral como individuos plenos y concientes. El contacto directo y sin negación con la muerte y el duelo nos abre a una comprensión nueva sobre nosotros mismos y el mundo en el que vivimos y el sentido de nuestra vida. Hablar de muerte es por lo tanto hablar de vida, de la vida que queremos disfrutar y del sentido que le queremos otorgar a nuestra existencia.

La Naturaleza y sus ciclos.

Como existe la inhalación está la exhalación, no hay sístole sin diástole, para disfrutar el día, se ha de superar la noche. Así todo nace y muere, cada movimiento de la Naturaleza está vinculado a un ritmo incesante.

En las sociedades preindustriales desde los tiempos más remotos, el hombre reconoció estos ciclos tanto en sí mismo como en la naturaleza.
Sin embargo hoy en día, especialmente en las sociedades más industrializadas, se ha ido perdiendo la conexión con estas nociones básicas. Recuperar esa conciencia de ciclo vital, de ritmos naturales nos ayudará a alinearnos de nuevo con dimensiones más profundas de nuestra existencia y dotar nuestras vidas de un mayor sentido.
 Aceptar nos ayuda a abrirnos, valorarnos y valorar a los demás. Más allá de connotaciones religiosas, nuestras relaciones adquieren una nueva dimensión y nuestro día a día se puede volver más pleno. Podemos así dejar atrás la rutina, el aburrimiento, el apego innecesario por lo superficial y disfrutar cada momento en plenitud.

Te invito a que reflexiones sobre cómo piensas la muerte y en este sentido, replantees tu vida.

Bibliografía recomendada:

  • Castaneda, Carlos: Una Realidad Aparte. (Ed. Fondo de Cultura Económica)
  • Kübler-Ross, Elizabeth: Sobre la Muerte y los Moribundos. (Ed. Grijalbo)
  • Rimpoché, Sogyal: El Libro Tibetano de la Vida y de la Muerte. (Ed. Urano)
  • Guía para padres: Explícame que ha pasado

Imagen inicial bajo licencia CC de Alina Solovyova-Vincent

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