16. El apego se disfrazó de miedo.

M2081S-1029 “Quiero poder amarte sin aferrarme, apreciarte sin juzgarte, encontrarte sin agobiarte, invitarte sin insistencia, dejarte sin culpabilidad…”  Virginia Satir

Dándole vueltas al tema con el que abordar esta semana mi entrada en el blog, surgieron, como suele ser habitual, las cuestiones que de una u otra manera fueron más reiterativas esta semana en mi día a día. Sesiones de coaching, clases, conversaciones con amigos, comentarios a pie de calle… MIEDO. ¿Y más allá de ese miedo, qué hay? – me pregunté. La respuesta está, desde mi punto de vista, en el APEGO. Miedo y apego se retroalimentan.

Si partimos de la definición de apego, observamos que se trata de una necesidad compartida por la especie humana y los animales. Consiste en un lazo de unión entre la cría (humana o no) y su madre o cuidador, independiente de la nutrición y del sexo. La función primordial del apego es proporcionar seguridad a las crías. Posteriormente, el deseo de apego satisfecho, genera un vínculo de amor entre la cría y el cuidador.

El psicólogo americano Bowlby concluyó en su Teoría del apego, que este vínculo facilita la seguridad emocional indispensable para el desarrollo adecuado y evolución de la especie; en tanto que el aislamiento y la soledad son peligrosos para las crías (sean humanas o no). Sin embargo, a medida que evoluciona el ser humano, la necesidad imperiosa del apego, lejos de constituir una ayuda, puede convertirse en un lastre y en un freno para la autonomía personal.

No cabe duda que sean cuales sean nuestras experiencias suele pervivir, de manera inconsciente en nosotros, un modo de depender de cosas, situaciones o personas, bajo una pretendida seguridad. Por el contrario, ese comportamiento nos resta libertad. La vida evoluciona constantemente, nada es permanente, por lo que aferrarse buscando garantía de constancia nos generará dolor y frustración. El desapego supone perder el miedo, fluir, aceptar el momento presente y de ese modo disfrutar.

No se trata de desligarse de todo y de todos. Nuestra vida no se construye a base de independencia, que muy probablemente nos llevaría al aislamiento, si no de interdependencia. Esta es la base para construir relaciones desde el equilibrio y la igualdad y no el miedo.

Apego y objetivos.

Si recordáis en el post que publiqué sobre la fijación de objetivos cité la necesidad de no apegarse a los resultados. Este es otro de los aspectos importantes en la gestión de los “apegos”.

En este sentido, una vez que hemos definido de manera clara la meta que deseamos alcanzar, debemos de “soltar” el resultado. Cuestión que muchas veces resulta difícil ya que de nuevo, detrás está el miedo, ese miedo a lo desconocido; el vértigo que entra cuando se avanza hacia el futuro, por un camino que se recorre por primera vez.

El desapego proporciona una mente abierta, despierta y más receptiva a lo que nos rodea. Nos aporta la flexibilidad suficiente para adaptarnos a los cambios. Se trata de avanzar con enfoque, lo que significa con expectación pero sin expectativas. En definitiva, con CON-FIANZA –con FE-.

Sacar los disfraces.

En definitiva, se trata de quitar la máscara del apego y reconocer el miedo que hay debajo. Seguir desnudando al miedo y permitirnos ser nosotros mismos. Desde ese punto, surge el amor y por lo tanto la confianza.

¿Dispuesto/a a soltar?

Imagen bajo licencia CC de Carolina L. Llano Photography en Flickr.
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4 respuestas a 16. El apego se disfrazó de miedo.

  1. Albino Mallo dijo:

    Han pasado muchos años de mi vida, tantos que durante ellos fueron desapareciendo del mundo no solo compañeros de mi edad, sino también amigos más jóvenes -lease el escritor y periodista Antonio D. Olano, de 79 años y más terrible todavía el pintor Jorge Peteiro, de 57, por citar dos ejemplos recientes- y hubo momentos, quizá los más profesionales, en los que intenté e incluso pude quitarme la máscara para luchar a cara descubierta. El problema es que en algunas ocasiones, otros aparecen para ponémela, quizá porque no les gusta como, en realidad, soy.
    Hoy solo me resta, para afrontar el presente, escribir textos -aunque ya no en los periódicos- para expresar lo que quiero, lo que deseo ser y poder escuchar reacciones de todo tipo, afortunadamente en su mayoría favorables. Quiero ser yo mismo, a pesar de los demás.

  2. amalia dijo:

    Tenemos la libertad para decidir como y de que manera queremos amar, y cuando amamos aparece también el apego, y no por eso tenemos que sentirnos amedrentados ni menos libres, porque cuando el amor está basado en la libertad y en la confianza nos,hace sentirnos más seguros y más felices. Aunque sí es cierto que la vida está en constante movimiento, no es menos cierto que muchas veces, podemos evolucionar junto a la persona que amamos, y ese camino no t iene porque ser divergente, sino recorrerlo juntos.

    • Amalia, desde mi punto de vista, si hay libertad en el amor, no hay apego. Éste parte desde el miedo y la falta de seguridad. Caminar juntos, evolucionar juntos estoy de acuerdo contigo que se logra, y se hace más potente, desde la confianza.

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